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Annie Hall

Me avergüenzo de muchas cosas,
la pereza de mis nervios me asusta,
me disgusta mi carácter ignorante,
mis fallos, evitables, de hijo puta.

Dármelas de sabio y no ser más
que un charlatán de medio pelo
que sueña con sus labios
y no se atreve a entrar en juego.

Detesto el egoísmo masoquista 
con el que rebano aspiraciones,
las ilusiones que tacho de la lista
si no encuentro empujones.

David Silvestre, un cínico empedernido
que mira con soberbia a sus iguales
y hace juegos malabares con tragedias
que sin razón seria ponen puntos finales.

Pero a veces me redimo un poco
y saco a pasear a un perro viejo
que se vuelve loco al oír ‘calle’
y me ayuda a matar complejos.

Nos sentamos al borde de la nada
y lloramos junto a un Rock & Roll,
soñando con llamadas, almohadas
con la forma de las tetas de Annie Hall.

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