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Día Mundial de la radio

Llamadme anticuado, pero me encanta la radio. Me encanta ese sonido entre canal y canal buscando la frecuencia deseada y encontrar la sintonía que buscaba, me encanta esa canción inesperada que hacia mil que no escuchaba y que aparece como de la nada y cantas y bailas como si del mejor tema escrito nunca se tratase, adoro esa forma de cantar un gol en el último minuto solo en la habitación o en el coche sabiendo que otro idiota como yo está saltando de alegría escuchando ese mismo gol, o esa forma en la que el periodista al que tanto admiro informa, analiza o entrevista a un invitado, la forma en la que la piel se estremece y sientes cómo la voz de la noticia te susurra al oído.

Hoy se celebra el día mundial de la radio, un medio que parece relegado a ser un segundón, no tiene la clase señorial de un periódico bajo el brazo, ni el entretenimiento, la gracia, el impacto o la familiaridad de una televisión, ni la modernidad ni la interacción que pueda tener cualquier medio digital; siempre aparece en un segundo plano, en el coche, caminando hacia la universidad, haciendo un trabajo, jugando a la play o escribiendo un artículo sobre lo mucho que te gusta la radio; nadie se siente a propósito a escuchar la radio y si es así, que vengan y me lo presenten, ese tipo sabe.

La verdad, nunca pensé que ‘formaría’ parte de este día del modo en que lo puedo ser ahora, no es que me escuche mucha gente, seguramente, no me escuche casi nadie, tres o cuatro gatos mal contados, pero me siento parte de los que hacen radio, me siento parte de esas personas que se transforman cuando se ponen los casos y hablan por el micro, creo que soy miembro de ese exclusivo grupo de personas que tienen la oportunidad de contar algo y ser escuchado, de entrar en las casas sin estar presente, de que la voz vuele por la ciudad y por la red hasta los oídos de algún intrépido que se atreva a poner la oreja y escuchar, solo eso, escuchar.

No soy un tipo con una voz prodigiosa, ni mucho menos, me trabo al leer, me río y me callo cuando me toca hablar, tartamudeo, me ahogo, no marco bien las pausas, no enfatizo ni siquiera sé modular la voz, pero lo intento, lo prometo. Me hubiera gustado ser alguien con una voz que impusiera, que erizase la piel, que quien esté escuchando pare la atención en mis palabras solo por el sonido de mi voz y que emocionase a mi madre y a todos mis oyentes, pero no, ese no soy yo, yo tengo alguna que otra cualidad, pero esa no; y a pesar de eso, yo soy parte de la radio, de la noticia, de la entrevista, de la canción que quieres oír; yo soy parte de la radio porque soy parte de un programa de radio, un programa que -parafraseando al rey- “me llena de orgullo y satisfacción” con los mejores compañeros que se puede tener alrededor de una mesa. Gracias a mis compañeros, gracias a Nota al margen y gracias a la radio por todo lo que nos das, entre otras cosas, la oportunidad de que alguien escuche mis reivindicaciones.

He de decirlo, más que encantarme, me pone la radio, mucho.

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